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sábado, 15 de enero de 2011

trascendental texto de Guillermo Capobianco que compara el acortamiento del mandato de Siles y lo sucedido en diciembre 2010


Fuentes cercanas a los círculos del poder confirman que fue a las 5:30 de la madrugada del 31 de diciembre cuando el presidente Evo Morales recibió en su residencia la inesperada visita del Alto Mando de las Fuerzas Armadas de la Nación.
Le trasmitieron al Presidente su decisión institucional: no saldrían a reprimir las protestas populares de repudio al Decreto Supremo 748 de alza de los carburantes.
El presidente Morales, luego de la inusual entrevista, se embarcó en su avión y se desplazó a Chapare, donde la dirigencia cocalera oficialista le informó de que las bases habían rebasado el mando sindical y que la protesta movilizada y el bloqueo de la carretera troncal eran un hecho irremediable. Las relaciones de poder y de fuerzas oscilaron peligrosamente.
Sin el apoyo de las FFAA y de las Seis Federaciones de Chapare, el destino del ‘proceso de cambio’ y del mismo régimen socialista comunitario del Presidente hubiera sido incierto.
Se hubiese producido una situación inesperadamente dramática: los movimientos sociales habrían tomado las calles exigiendo la renuncia del Presidente y desencadenado otra crisis de gobernabilidad de las tantas que se han producido en este país.
Una de ellas, emblemática por cierto, fue el ‘acortamiento del mandato’ del presidente Hernán Siles Zuazo.
El país vivía los efectos de la hiperinflación. El Congreso se debatía en el caos de las presidencias interinas y el militarismo narcodelincuente asaltó el poder instaurando una dictadura feroz. Esta historia se puede encontrar en cualquier hemeroteca.
Lo que no se conoce ni se estudia en las universidades y las facultades de Ciencias Políticas es que en esa etapa de la vida del país se produjo un hecho político histórico: la alianza estratégica entre el Dr. Siles, caudillo paceño y de la Revolución Nacional, expresión de la corriente de ‘izquierda’ del Movimiento Nacionalista Revolucionario, y la nueva generación política emergente e insurgente encabezada por el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria.
El pacto se firmó en Caracas y desencadenó la acción de las fuerzas políticas tradicionales que presintieron, con razón, que el nuevo instrumento, la Unidad Democrática y Popular, podría desplazarlos del poder político y gubernamental.
Sobrevino la crisis, se convocó al Congreso de 1980; el ciclo militar concluyó con la entrega oficial del poder político al Congreso, que tuvo que organizar a las carreras su directiva para dar continuidad al proceso de rescate y reconquista de la democracia.
El cerco al Gobierno de Siles fue implacable. Las fuerzas conservadoras, en alianza implícita con las izquierdas que actuaron desde la COB, decretaron la inviabilidad del Gobierno, acortaron el mandato del Dr. Siles y convocaron nuevas elecciones.
Si el presidente Evo Morales no logra modificar la orientación política de su régimen y no concreta una alianza estratégica entre las fuerzas sociales y productivas de oriente y occidente, la historia puede repetirse. Podría sobrevenir una coyuntura de ingobernabilidad.
En Bolivia, políticamente hablando, cualquier cosa puede suceder.

* memocapobianco@gmail.com

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