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jueves, 29 de julio de 2010

Evo le ha tendido una "trampa a Santa Cruz" celebrar el 6 de agosto y lanzar su mensaje que marcará inicio de la hegemonía total. la dictadura Evista


Agosto es el mes en el que festejamos la independencia de nuestra patria y en la presente circunstancia el gobierno de Evo Morales ha elegido a Santa Cruz para realizar una sesión de honor de la Asamblea Plurinacional y dirigir desde este departamento su mensaje al Estado boliviano.
Podemos hacer varias lecturas acerca de esta decisión gubernativa, pero con dos de ellas podemos tener un espacio de comprensión del disloque entre el discurso y los hechos, algo que desgraciadamente ya es parte constitutiva y medular de la forma de hacer política en Bolivia.
Sobre el tema el gobierno ha desenvainado con audacia argumentos tales como que Santa Cruz ha pedido tantas veces ser tomada en cuenta y formar parte del Estado boliviano, ser incluida y no dejada de lado y ahora se muestra conflictuada con la decisión gubernativa de trasladar todo su aparataje ejecutivo y legislativo para improvisar una sesión que deje por sentado que la nave del gobierno se ha asentado en tierras grigotanas, desde donde el Presidente dirigirá al país su plan de avanzada política. El argumentario sigue la ruta de la superficialidad absoluta, de la futilidad con la que una reina de belleza dice… no tengo palabras, sólo puedo decirles que se me embarga la voz, que estoy muy emocionada y disculpen pero voy a llorar ahora mismo.
La lectura desde los cruceños viene dada por todas las conductas que ha tomado y sigue tomando el gobierno respecto al Oriente boliviano, que sigue siendo usado para “despatriar o repatriar” a su antojo a la gran civilización amazónica, sobre la que se ha asestado al presente duros golpes de violencia durante el primer mandato del presidente Morales; violencia y persecuciones ahora planteadas como algo lógico y normal, más o menos como el pan de cada día que los habitantes de esta zona del país se deben acostumbrar a tolerar.
El discurso que ahora portan los voceros del MAS está cada día más afinado, porque dicen que nadie debe hablar en nombre de Santa Cruz, mientras ellos lo hacen definiendo lo que es bueno o malo, lo que deben o no deben aceptar los cruceños, pandinos, benianos, sucrenses, tarijeños, etc, y por otro lado usan la estrategia de plantear que sólo un grupo pequeño de “traidores a la patria y terroristas que querían separar la patria” son los que están siendo perseguidos, mientras supuestamente la sociedad cruceña goza de grandes beneficios y derrama bondades y opulencia económica.
Reconocemos sin duda el lenguaje goebeliano, la receta goebeliana por excelencia, plantear que hay sólo un grupo que es el que recibe los palos mientras los demás disfrutan de la zanahoria, pero como el supuesto grupo pequeño no está nunca definido ni delimitado, todos sabemos que cualquiera puede caer o resbalar en esta categoría sin ningún problema y que el grupo elegido para el sacrificio y la represión estará siempre conformado por aquellos que hacen política, que tienen liderazgo en algún área: económica, social, activismo, cultural y que sin ningún problema luego nos dirán ayer vinimos por él y ahora es por vos, lo que debería leerse vendremos por el que nos desagrade. Situación que condena a los ciudadanos al régimen de miedo y terror que exige que acepten callados y sin protesta alguna la opresión, el enrarecimiento de libertades y garantías, aceptando así la subordinación como un destino ineludible.
En este escenario la posible toma de la cultura que se anuncia como etapa venidera de la revolución, no va a ser ni aymara ni quechua, ni guaraya, ni valluna, sino simplemente la ideología del poder sin límites de una clase gubernamental incrustada para extraer al máximo los néctares del poder y los beneficios económicos y de toda naturaleza que brinda la extrema práctica del poder por el poder.
Dentro de esta lectura podemos concluir que los cruceños demócratas no se recienten porque venga el gobierno a sesionar o Evo Morales a dar su discurso del 6 de agosto, sino porque saben que tras esa parodia se está planteando una situación de opresión para el país, se está planteando una embestida a los orientales luchadores que plantean una visión más democrática, de respeto a libertades y garantías ciudadanos, de respeto al libre emprendimiento como parte de una evolución del ser humano que debe equilibrar lo individual con lo colectivo y sin desmedro del bien común. Santa Cruz sabe que está volviendo a ser utilizada para dar escarmiento e impartir lecciones totalitarias, para que sigan habiendo dentro del marco del Estado ahora llamado plurinacional y autonómico algunos departamentos que en la visión del núcleo duro del actual gobierno deben quedar como los hijos bastardos de la Patria.
No hay inocencia en el mundo político, las acciones políticas cuando son fruto de la drasticidad y la falta de límites y de respeto y dignidad de los pueblos se convierten frecuentemente en parteras de grandes heridas y de grandes injusticias que se anuncian en los cielos oscuros de los poderes que no permiten posiciones distintas. En el presente hecho político de trasladar a Santa Cruz la maquinaria gubernativa para la sesión del 6 de agosto, se pretende entre otras cosas matar dos pájaros de un tiro, anular a Sucre como capital histórica, tomando así la actitud de bloquear la historia y la justicia histórica que se merece el noble pueblo chuquisaqueño. Si este no fuera también el objetivo se podría haber esperado a sesionar en Santa Cruz el 24 de septiembre, pues es una fecha propicia porque se cumpliría también con la celebración del Bicentenario.
El malestar de los cruceños es lógico puesto que el régimen sigue persiguiendo, no cesa de perseguir, persigue empresarios, políticos, jóvenes ciudadanos, persigue a quienes han administrado los referéndums por autonomía en plena vigencia de las autonomías, persiguen mientras se ufanan de tener en sus manos todos los mecanismos discrecionales: (jueces, leyes, órgano electoral) que permiten que el gobierno ahora destruya a todo aquel que le represente un obstáculo a la carrera ascendente de poder por el poder.
Santa Cruz sabe que todo lo que se ha anunciado como la quinta etapa en la que incursionará el gobierno de Morales no es precisamente una “revolución democrática”, no es la industrialización del país, sino es el sumun de la concentración del poder, situación por la que los movimientos sociales han quedado fuera de la evaluación del gabinete ministerial, que nos muestra que no se desea que cuestionen la inoperancia ni la falta de gestión, justamente porque la actividad económica no es el asunto principal para el gobierno, pues el asunto prioritario es y seguirá siendo la toma del poder total, llegando incluso a la desnaturalización de las culturas que conforman Bolivia para inocular la carga ideología que garantice el ejercicio de un poder sin barreras.
Como núcleo indígena cultural confiable y actor principal del actual proceso “revolucionario” ha quedado sólo el sector cocalero del Trópico, que aglutina a los productores de coca, huelga decir que la economía del narcotráfico se expande, mientras supuestamente se derrocan a los sectores adversos al “proceso de cambio”, mientras se aplasta a la oposición con bombos y platillos, como si esta fuera una práctica civilizada y democrática, mientras se llama suicidas a los opositores que son eliminados uno a uno con todo tipo de juicios y persecuciones.
Sólo como una muestra del contexto en el que se le quiere dar al país este supuesto regalo desde Santa Cruz, escuchemos lo que anunció el vicepresidente García Linera, que planteó que la quinta etapa consistirá en una “ofensiva estratégica” orientada a la construcción y la toma del poder político, económico y cultural, es decir, ya no sólo del Gobierno, “sino del poder para tener la capacidad de decidir y mandar sobre la política y la economía” del país. Dicho en otras palabras, a la obtención del poder total, el poder sin límites, objetivo último para el que todo lo hecho hasta ahora no habría sido nada más que parte de un moroso pero necesario proceso preparatorio, según sus palabras.
Este anuncio no fue hecho en tono conciliador, sino más bien aprensivo, guerrero, ¿quién podría decir que el traslado de la sesión de honor de la Asamblea y de todo el aparataje del gobierno plurinacional sería una cándida e inocente dádiva al pueblo cruceño y al pueblo boliviano? ¿Será esta la forma de hacer un regalo o una concesión?
Nada como leer en varios registros la realidad, nos permite tener varias versiones de la misma historia.
Pero hay quienes en Santa Cruz también se aventuran al correteo de: “juguemos en el bosque mientras el lobo no está”. Qué le vamos a hacer hay de todo en la viña del Señor.

Centa Rek- Senadora por Santa Cruz- Bolivia

viernes, 23 de julio de 2010

profundas reflexiones en torno a nuestra democracia formula Jaime Paz Ex-presidente no sin cierta remota esperanza de enderezar el rumbo

En un ensayo sobre la Civilización Occidental escrito a inicios de los treinta, Bertrand Russell señalaba: “ante todo, ¿qué es civilización? Su primer carácter esencial, diría yo, es la previsión“.

imageJaime Paz Zamora*

Esta afirmación viene a cuento entre nosotros porque la democracia es una civilización que los bolivianos estamos empeñados en construir como la base de un proyecto nacional de largo aliento, y porque una vez más, no es la primera, a medio camino de nuestro empeño experimentamos un sentimiento de incertidumbre e inseguridad semejante a la imprevisión.

Lo vivimos ya de 1978 hasta bien entrado el año 85, con nueve presidentes, cuatro golpes de estado, una hiperinflación galopante, un presidente raptado, seguido de un acortamiento de mandato presidencial. La previsión era imposible. Pero bueno, eran los inicios en los que la preocupación se dirigía a contrarrestar a los pocos estamentos de choque directamente antidemocráticos y al mundo político tradicional, de cultura golpista habituado a entrar y salir de palacio a tiros y para el que la democracia que se proponía solo podía ser aceptada en la medida en que sirviera a sus objetivos.

Eso fue el pasado. Hoy el desafío proviene de otro lado, de los sectores extremos tanto del marxismo decimonónico que resistió a la democracia como sistema por considerarla burguesa e imperialista, cuanto del indigenismo retro que la rechaza como parte de la cultura occidental y neocolonial, los mismos que ante la indetenible yentusiasta participación del pueblo boliviano en el proyecto democrático decidieron incorporarse y actuar dentro de él. De esos sectores provenían el liderato y las estructuras centrales del poder político que se instaló a partir del masivo triunfo electoral del 2005 aupado por movimientos sociales que exigían del proceso democrático debilitado por sucesivos desgobiernos, más bienestar, participación, igualdad y desarrollo.

Hasta ahí todo bien. Aún más, yo diría que lo acontecido entonces fue la mejor prueba de que el rumbo tomado hace treinta años era correcto, que el cambio en democracia era posible, que la institucionalidad funcionaba, que el sistema comenzaba a ser previsible, y que más allá de vicios y debilidades, podía renovarse desde dentro, ser plural e incluyente.

Pero luego vino lo que hoy ya todos conocemos. Bajo el postulado de inaugurar una época de cambios se empezó a desconocer que la instauración de la democracia representaba el gran cambio de época de nuestra historia contemporánea y que cualquier intento de hacer algo al margen de ella devendría en daños casi irreversibles para la nación. Se instaló una especie de jacobinismo que condenaba todo el pasado como malo, así en bloque; y al impulso de “ideologías regresivas” se hizo de la refundación del país y de la democracia una necesidad perentoria que nos llevó a la Asamblea Constituyente y de allí al Estado Plurinacional y a las actuales leyes reglamentarias que por el modo cómo se generan mas allá de la liturgia parlamentaria, empiezan a semejarse a los decretos leyes del pasado. Todo esto en el contexto de tentaciones autoritarias y tendencias centralistas que parecen orientarse en la lógica de pensamiento único que conocimos en el neoliberalismo, y de hostigamiento a todo lo que pueda significar desarrollo de pensamiento crítico.

Po tanto, una vez más en la relativa corta historia del proceso democrático boliviano se empiezan a configurar los perfiles de democracia no previsible con las inevitables consecuencias de incertidumbre e inseguridad ciudadanas, pues cunde el sentimiento de desconfianza y temor de que “cualquier cosa puede pasar, en cualquier parte y en cualquier momento” al margen de las previsiones y garantías necesarias, con las consecuencias negativas para la siempre delicada trama de la cohesión social ya de hecho debilitada por múltiples razones sociales, culturales, regionales, políticas y económicas.

Sin embargo, debo confesarlo, confío en que existen en el propio gobierno, en su máximo liderato y en sus estructuras intermedias la suficiente energía y buena fe política para las urgentes y necesarias rectificaciones que sin mellar en modo alguno los ideales de igualdad y los objetivos de potenciamiento del Estado Plurinacional y Autonómico, le permitan retomar el rol de catalizador de la esperanza con el que nació el año 2006.

domingo, 18 de julio de 2010

cada frase del artículo de Mesa Quisbert es un reproche a los militares que dieron el golpe de julio del 80 y a quienes impiden esclarecer la verdad

Parece una bruma lejana, como si no fuera con nosotros, pero no fue una bruma, fue una realidad cruel. Se dibuja en las siluetas de Marcelo, de Carlos Flores, del dirigente Vega.

Un gran charco de sangre alrededor de una cabeza destrozada, las ambulancias como fantasmas de la muerte cruzando la ciudad, cargando a paramilitares. Tiros, golpes, gritos, ministros rodando por las gradas del Palacio de Gobierno, la Presidente humillada y prisionera, el Gran Cuartel convertido en una gigantesca cárcel. Generales vestidos en traje de guerra llevando la violencia en sus galones. A poco, la masacre de la Harrington que cobra las valientes vidas de Jorge Baldivieso, Gonzalo Barrón, Artemio Camargo, Arcil Menacho, José Luís Suárez, Ricardo Navarro, José Reyes, y Ramiro Velasco.

Han pasado treinta años que no son una bruma sobre esos hechos. Son una marca en nuestra alma colectiva, en nuestra conciencia, en nuestra memoria. ¿Se hizo justicia? Sí en parte. Se labró en los años noventa y se administró correctamente. No en la otra parte, quizás la más terrible, aquella que tiene que ver con la peor de las torturas sobre un ser humano, el espantoso limbo de alguien que amas, muerto, torturado y desaparecido.

Ocurrió el 17 de julio de 1980. Un sector de las Fuerzas Armadas bajo el liderazgo de Luis García Meza, decidió interrumpir de modo sangriento el camino ya entonces ineluctable que había escogido el pueblo boliviano para volver a la democracia plena, logro heroico plasmado el 10 de octubre de 1982. Ese momento aciago que había tenido un terrible introito en 1979 con el golpe de Todos Santos, se prolongó por casi dos años y fue llamado por sus creadores “Reconstrucción nacional”. Como tantas veces antes, la soberbia de los vencedores los llevó a decir sin ruborizarse que habían llegado para quedarse veinte años. A poco, tras las muertes, tras el toque de queda, tras los disparos contra inocentes, tras el acallamiento de las voces de los mineros, tras las noches como bocas de lobo en nuestras ciudades, se pudo apreciar el reino del narcotráfico y el de la arbitrariedad en todas sus formas.

La justicia fue definida de modo macabro por el ministro del Interior Luis Arce Gómez: “A partir de ahora todos los bolivianos tendrán que andar con su testamento bajo el brazo”. El Poder Ejecutivo dictatorial “era” la justicia y decidía sobre los destinos de todos. El término “delincuentes subversivos” era moneda corriente para calificar, perseguir, apresar, torturar, exiliar o matar a quienes pensaban diferente. Pensar diferente era el delito mayor. Decir esa diferencia te colocaba en capilla.

La libertad de expresión fue cortada de un modo radical, con un solo discurso, una sola voz monocorde todos los días, la cadena nacional de radio y televisión a la hora de las noticias. El país de las maravillas sazonado por las admoniciones y advertencias de los “dueños” de Bolivia.

Ese era el territorio de la dictadura, el del miedo, el de los cuarteles, el de la violación sistemática de los derechos humanos, el de la mediocridad. Era la hora de la repetición de frases vacías, de discursos incongruentes en contra del comunismo, de los enemigos de la patria y de los “tontos útiles” al servicio de intereses foráneos. Ante el total aislamiento internacional, el Presidente muy suelto de cuerpo dijo: “Si es necesario, a partir de ahora nos alimentaremos de chuño y charque”. Una curiosa forma de nacionalismo por el absurdo.

Después, en un alarde de machismo preparado con la misma finura con que gobernaba, el dictador escuchó la intervención “espontánea” de un dirigente del auto transporte: “General denos la medida de su pantalones”. La medida de sus testículos quería decir. Debía quedar claro que el jefe de la Junta de Comandantes era un “machote”. Veinte días después del sainete, tal medida ya no era necesaria. Luís García Meza entregó el mando a una Junta Militar ante la evidencia del agotamiento de un experimento delirante, sin norte, sin lógica, sin propuesta alguna.

Hoy, recordamos ese día, pero recordamos algo más: que la información clasificada del departamento de inteligencia del Ejército sigue sin tocarse, que el actual gobierno que llegó –entre otras cosas-- reivindicando los derechos humanos no mueve un dedo para reparar el daño y respetar los derechos humanos de los familiares de los desaparecidos. Con una manifiesta falta de voluntad que estremece, el “nuevo Estado” nada tiene de nuevo al apañar a los responsables de esos crímenes, al protegerlos a título de preservar a una institución, las FFAA, que se protegerían mejor abriendo sin límites los archivos que tienen y proporcionando toda la información que contribuya a esclarecer hechos que son un estigma, pero que, sobre todo, tienen las almas de familias enteras sangrando por el dolor de no saber dónde están los restos de aquellos que el gobierno manipula a su antojo bautizando con su nombre leyes que a su vez violan derechos humanos básicos, como si una cosa nada tuviera que ver con la otra.

jueves, 8 de julio de 2010

El Juez José Luis Hernando Tapia Pachi de la Corte Superior de Santa Cruz ha optado por el exilio ante el sometimiento, el amedrentamiento, y el odio

Soy un hombre de bien que siempre ha consagrado su vida a la justicia, soy un creyente en Dios y un justo funcionario público al servicio de la ley.


Durante mis 23 años de trayectoria profesional, he tenido grandes satisfacciones y amarguras por mi apego al respeto de las normas, conozco las fortalezas y los riesgos inherentes a mi función; es por ello que desde ése lugar he dedicado mi vida al servicio de la ley, entendiéndola ésta como la única servidumbre que nunca mancha.

Fruto de un sorteo computarizado, originado en el sistema informático del Palacio de Justicia, hace un año, llegaron a mi despacho los procesos de los supuestos atentados al domicilio de Saúl Avalos, Cardenal Julio Terrazas y el del hotel Las Américas, yo no los pedí ni ejercí influencia alguna para que llegasen a mis manos. Reitero esta tarea es resultado de un proceso informático que no tiene intervención de juzgador alguno.

Como era de rigor, y en estricta aplicación de la normativa penal vigente, procedí a tomar conocimiento de dichos procesos, a pesar de la clara intencionalidad gubernamental de violentar con el orden jurídico y atentar flagrantemente contra el derecho al juez natural.

En el devenir procesal, luego de varios abusos de poder, trasgrediendo la ley y de manera tiránica, fruto de presiones del Poder Ejecutivo se llevaron el caso a la ciudad de La Paz donde se lo está tratando actualmente, contradiciendo un principio jurídico universal y nuestro Código de Procedimiento Penal que indica que: "la investigación de un caso debe desarrollarse en el lugar donde ocurrieron los hechos, donde viven los supuestos implicados y donde se pueden buscar las pruebas".

He defendido la ineludible aplicación de la ley, ya que esto es lo correcto. Por ello estoy siendo víctima de amenazas y de una implacable persecución de los órganos represivos del Ministerio de Gobierno, sólo por hacer que se respete nuestro ordenamiento jurídico. Denuncio públicamente a los déspotas que hoy me hacen buscar por sus cancerberos, con el único propósito de causarle daño a mi vida.

En los últimos años se han estado produciendo transformaciones que están afectando profundamente al Poder Judicial y otras áreas de la institucionalidad pública, se podría pensar que estas transformaciones impactarán positivamente en nuestra sociedad, sin embargo mucho me temo que la ciudadanía quedará decepcionada ya que paso a paso, ley a ley, se está construyendo un sistema direccionado a la defensa y protección de los abusos del régimen totalitario que hoy gobierna nuestro país.

Por defender la ley y la democracia, estoy siendo perseguido y por culpa de esa insana persecución me he visto obligado a salir de mi Patria; me siento tranquilo por el deber cumplido, ya que cuando me tocó aplicar la Ley, no me excusé, ni traté de negociar, ni me doblegué ante el poder opresivo; hoy puedo orgullosamente afirmar que mi conciencia está tranquila, por eso con hidalguía asumo el precio por defender estos principios.

En el último año mi vida ha sido transformada en una pesadilla, he pasado por un intento de secuestro de mi hijo menor, han disparado contra mi esposa y he estado bajo el intenso acoso de los organismos de inteligencia del Estado, a pesar de haber vivido toda esta odisea, jamás admitiré jurisdicción y competencia al juez y fiscal de la ciudad de La Paz, porque contraviene el orden jurídico vigente.
Tampoco admitiré ser procesado por delitos inventados e inexistentes, estoy consciente que estas amenazas solo tiene el fin de amedrentarme, para así someternos al Poder Ejecutivo, para así alcanzar sus obscuros propósitos.

Finalmente después de una serena reflexión, me siento impulsado a formular el siguiente testimonio, por considerar que mis derechos y mi vida están amenazados en Bolivia, sin embargo seguiré mi lucha para restablecer con prontitud el estado de derecho, la legalidad y la justicia. Desde mi posición hago una llamado a la institucionalidad nacional e internacional, para que se pronuncie en contra de la instauración de una tiranía que se valió de la democracia para hacerse del poder total.
¡Dios salve nuestra Patria!
Santa Cruz de la Sierra, 06 de julio de 2010

sábado, 3 de julio de 2010

la apasionante novela Crimen y Castigo muestra el genio de Dostoievki cuya última vivienda en San Petersburgo nos la describe Mario Vargas Llosa

Fiodor Dostoievski vivió en muchas casas y lugares -nunca más de tres años en una misma vivienda- y tuvo siempre la obsesión de que sus pisos estuvieran en una esquina, con ventanas a las dos calles y cerca de una iglesia, de modo que pudiera oír las campanas, música que sosegaba su espíritu. La última casa en que vivió, y donde murió en 1881 meses antes de cumplir los sesenta años, entre la Perspectiva Kuznechny y la antigua calle Yamskaya, ahora llamada Dostoievski, cumple con todos estos requisitos y, mientras el visitante la recorre, puede oír doblar a las campanas de la vecina iglesia ortodoxa de Vladimir, convocando a los fieles.

Esta zona de San Petersburgo, conocida como el "barrio de los mercados", está ahora llena de chechenos y otros forasteros pobres y, por esa razón, se la considera riesgosa para los turistas. Cuando yo visité esta casa por primera vez, hace cuarenta años, el lugar era más bien triste y solitario, muy distinto de lo que es ahora, bullicioso, popular, promiscuo, muy vital. No existía aún el Museo, donde se han reconstruido los seis cuartos a los que Fíodor Dostoievski y Anna Grigorievna, con sus hijos Liubov y Fíodor, se mudaron en octubre de 1878, huyendo del apartamento donde había muerto el pequeño Alexei, una de las tragedias que más hicieron sufrir al atormentado autor de Los demonios .

Es una casa modesta, aunque menos ascética que las anteriores, e incluso hasta con algunos lujos, como el juego de tazas de té de porcelana que luce una de las alacenas y el confortable sillón del escritorio donde Dostoievski podía echarse a descansar un rato en medio de las interminables y afiebradas sesiones nocturnas en que escribía, en estado de trance casi siempre, Los hermanos Karamazov , una de sus obras maestras. Alcanzó a verla publicada exactamente un mes antes de morir. Estaba ya muy enfermo. La casa se halla en el segundo piso y, cada vez que subía, el ilustre inquilino tenía que pararse un rato, en el descanso de la escalera, para recuperar el aliento. El médico le había prohibido fumar, pero él sólo respetaba la prohibición durante el día; en la noche fumaba sin descanso mientras escribía y ahí está todavía, sobre su mesa de trabajo, la cajita de cigarrillos que liaba con sus manos nerviosas mientras iba releyendo las cuartillas recién escritas.

A fines de enero de 1881 tuvo la primera hemorragia de garganta. Pidió a su mujer que le leyera uno de sus pasajes preferidos en el ejemplar de la Biblia que llevaba siempre consigo desde que se lo regalaron las mujeres de los "decembristas", treinta y un años atrás, en la estación de Tobolsk, cuando pasó por allí, como convicto, rumbo a su exilio de cuatro años en Siberia.

Anna era su segunda esposa, veinticinco años menor que él. Llevaban once años de casados y ella, con su energía, devoción y talento, había puesto algo de orden en la vida siempre atolondrada y al borde de la catástrofe de Fíodor. Gracias a esa mujer joven y luchadora, sus finanzas andaban mejor, ella ganaba algo de dinero distribuyendo libros y él ya no tenía que inmolarse escribiendo como un forzado. Se había quitado el vicio del juego, que le causó tantos infortunios. Poco después de ese primer desfallecimiento, le sobrevinieron otras dos hemorragias. La segunda puso fin a su vida. Su propia viuda o alguna visita atinó a detener el reloj del escritorio en el mismo instante de su muerte: las ocho y treinta y ocho de la noche. Ahí está todavía ese reloj, ciento treinta años después, marcando la hora siniestra.

Lo enterraron en el cementerio Tikhvinskoe, del monasterio de Alexander Nevsky, en las afueras de San Petersburgo. Es un hermoso lugar, y la tumba de Dostoievski, rodeada de árboles y de flores, con una hermosa estatua que refleja fielmente sus rasgos adustos y su mirada profunda y afiebrada, colinda con las de otros exponentes del genio creativo ruso: Rimski-Kórsakov, Alexander Borodin, Modest Mussorgski, Piotr Ilich Tchaikovski, Glinka. La mañana que pasé a ver la tumba llovía y algunos visitantes reverentes depositaban en ella manojos de flores. Yo le llevé media docena de rosas rojas.

Aunque Dostoievski no nació en San Petersburgo, sino en Moscú, esta ciudad es la que más lo marcó. Aquí se formó como escritor y en ella se hizo conocido, luego famoso, y fue aquí donde, luego de los diez años del silencio literario que padeció por haber pertenecido al círculo revolucionario de los "decembristas", debió reinventarse como escritor.

En San Petersburgo fue donde más tiempo vivió. De otro lado, no hay ciudad que parezca más impregnada de sus historias, personajes y la mezcla de truculencia, drama, espiritualidad, desgarro intelectual y misterio de su obra que ésta, sobre todo cuando uno camina por las destartaladas callecitas del barrio de Sennaya, a orillas del Canal de Griboedova, donde ocurren los principales episodios de Crimen y castigo , novela que Dostoievski terminó de escribir no muy lejos de aquí, en una casa de la calle Kaznacheiskaya de este barrio, que también puede visitarse.

Es la más "realista" de sus historias, al menos en el sentido de que los lugares que ella describe están casi todos identificados y algunos de ellos con placas que lo recuerdan. La casa donde Raskólnikov asesina a la anciana Alíona Ivánovna, en el número 104 del Canal de Griboedova, se conserva tal cual la narró, con sus baldosas desiguales, sus paredes descoloridas y sus rejas herrumbrosas, así como sus gentes melancólicas y derrotadas. Hasta la mañana grisácea, lluviosa e impregnada de premoniciones sombrías parece dostoievskiana.

Pero todavía más impresionantes son los lugares asociados a la vida de Raskólnikov, que parecen recién salidos de las páginas de la novela, como la sofocante taberna donde éste confiesa su crimen a Zamíotov o la casa donde el asesino vivió. Hace esquina también y un busto de un Dostoievski calvo y jiboso adorna su fachada. El mal tiempo ha borrado la pintura y todo el edificio -en verdad, todo el barrio pobretón y sórdido- parece a punto de descalabrarse. El largo vestíbulo de piedras tiene un techo combado donde el eco repite los ruidos y el patiecillo interior, en torno al cual se aglomeran los apartamentos, es estrecho y tan desangelado como la empinada escalerilla que conduce a las habitaciones. Harta de los visitantes, una vecina que arrastra pesadamente su gordura y su odio a la vida nos echa imprecaciones. Un gato maúlla en alguna parte. Es imposible no tener la sensación de que algún asesino devorado por inquietudes metafísicas anda suelto por los alrededores.

La casa museo de Dostoievski insiste en que, contrariamente a la leyenda, el autor de El doble estaba lejos de ser una persona sombría y amargada. Le gustaba jugar con los niños y les inventaba y les leía historias. Y les mostraba su colección de fotografías de escritores y artistas famosos, que, ahora, se exhiben en el cuarto donde Anna almacenaba los libros que vendía. La mayoría de las fotos son de escritores rusos. Entre los libros europeos, figuran un Quijote eslavizado, unos libros de Charles Fourier y de Hoffman y unas efigies de Victor Hugo joven y de George Sand, escritora que, por un sorprendente malentendido, llegó a ser inmensamente popular entre los jóvenes liberales rusos de la generación de Dostoievski, no tanto como escritora de novelas, sino como ideóloga progresista y luchadora social. Aquí se pueden ver, por fragmentos de la correspondencia, las opiniones que merecieron al dueño de casa algunas ciudades de la Europa occidental durante los viajes que hizo por ellas. La más inesperada: que París era una ciudad aburridísima donde no había nada que hacer.

Después de esta peregrinación dostoievskiana es poco menos que obligatorio que termine el día en el Teatro Mariinsky, viendo una ópera adaptada de El jugador , con libreto y música de Sergei Prokofiev. Aunque la historia y los personajes son los mismos, lo que ocurre en el escenario tiene poco que ver con la novela de Dostoievski, por lo menos lo que de ella recuerdo, pues abundan las situaciones farsescas, los enredos y las caricaturas y el drama se disuelve entre sonrisas. Pero la música es espléndida, las voces magníficas, la orquesta de primera y el vertiginoso barroquismo del local calza como un guante con el espectáculo. Lo único dostoievskiano de la noche es el conductor de la orquesta, Valeri Gergiev, con sus ojos enloquecidos y su gesticulación que pasa de lo templado a lo convulso, de la delicadeza a la brutalidad, del sobresalto al éxtasis, sin transición, dando protagonismo a todos los instrumentos y manteniendo a espectadores, músicos, cantantes (y hasta acomodadores) en un estado de pasmo e inseguridad frenética.

La última vez que vi a Gergiev, en Salzburgo, llevaba unos pelos largos y una barba de varios días; ahora, tiene los ralos cabellos bien cortados y se rasura, pero sigue siendo, a la hora de dirigir la orquesta, un poseído que va siempre más allá de la partitura, un ser conectado con las profundidades inquietantes del abismo humano, capaz de convertir un concierto o una ópera en una ceremonia genial y aterradora. Alguien que lo conoce me aseguró que el resto del día es una persona normalísima, a la que le gusta engullirse, en los dos restaurantes que posee en San Petersburgo unos salmones blancos de chuparse los dedos.

© LA NACION


jueves, 1 de julio de 2010

Guillermo Bedregal mencion a los hombres de pensamiento y acción que hacen a la Revolución del 52. la omisión de Siles Suazo y Guevara es notable

Son incontables los intelectuales bolivianos de la explosión social de 1952 que se ocuparon, aunque en forma episódica, de la cuestión nacional. La Revolución y el auge de masas movilizadas, también estuvieron pertrechadas de consignas, de mística iconoclasta: nacionalización minera, reforma agraria, voto universal, diversificación de la economía, configuración de categorías políticas a las que los intelectuales de izquierda (de varios pelajes) se esmeraron en dotar de contenido doctrinal, de consistencia ideológica y de fuerza argumental que trascienda al Estado, a la legislación y a la praxis vital de la nueva emergencia popular. Tampoco faltaron intelectuales epígonos de esas transformaciones que explayaron argumentos críticos.

Son hombres de pensamiento y acción como Paz Estenssoro, Cuadros Quiroga, Ñuflo Chávez, Méndez Tejada, Ayala Mercado, Morales Guillén, Guzmán Galarza, Fernando y Mariano Baptista, Raúl Alfonso García, Fellmann Velarde, Carlos Serrate, Jacobo Libermann y otros que hacen de la izquierda intelectual un caso inédito y fecundo. Escritores, como Augusto Céspedes, abren derroteros y contenidos para la comprensión de la historia, o el agrarista impenitente Luís Antezana, cuyo aporte fue y sigue siendo notable. Todos avanzan con las explicaciones analíticas del proceso abierto en 1952. Su presencia en un escenario donde la nación se polariza y el empuje de las nuevas clases sociales trastocó radicalmente al Estado, a la sociedad en sus élites y sus anclajes.

Estos intelectuales del “medio siglo”, como solía denominar a los hombres y mujeres de su promoción Mario Guzmán Galarza, cumplen una función crucial aunque siempre insuficiente frente a la “Revolución en marcha”. La intelligentzia nativa desempeña un papel aún más amplio por el hecho de que pensadores, profesionales, escritores, artistas y maestros universitarios que si bien no pertenecieron en su totalidad al MNR contribuyeron a esta reflexión desgarradora de la Bolivia revolucionaria y en ebullición y avanzaron hacia el desbroce conceptual de la cuestión nacional.

Además son conscientes que deben sustituir a alguien o algo. Escriben, hablan, defienden, sentencian al viejo orden patiñista derrotado y contribuyen a la creación de nuevas instituciones. La Central Obrera Boliviana, en cuyo afán se destacan Juan Lechín, Emilio Carvajal, Mario Torrez, Germán Butrón, Franco Guachalla, Edwin Moller, Abel Ayoroa, Noel Vásquez, Alberto Jara, José Luís Harb. Todos ellos genuinos y sólidos luchadores en las ideas, en la práctica huelguística y en la estrategia política del “Sexenio” (1946–52), que culminó con la apertura moderna de la Revolución Nacional. Ellos estructuran la central sindical, lo cual, pese a sus maximalismos teóricos provenientes de la sectaria “Tesis de Pulacayo”, constituye un inequívoco paradigma.

Esta simbiosis entre pensadores críticos y obreros genuinos, entre escritores, periodistas y mujeres convirtió a esta generación de revolucionarios en los hacedores de una práctica política para la construcción de la Nación.

Captan con fuerza esa aspiración popular de saberse representados en sus gobernantes. Se abre una “era de las masas” (Víctor Paz), una nueva expresión de la democracia directa que abate las anticuadas teorías de la democracia oligárquica y se “siente” que el poder está en el pueblo y es del pueblo. La movilización de masas expresa una radical e irreversible apertura de la Democracia y una firme conciencia de la materialización concreta del principio de la “alianza de clases”. O sea la trayectoria doctrinaria y práctica de la cuestión nacional en sus vertientes espirituales y sociológicas más profundas e inéditas.