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domingo, 29 de abril de 2012

se ha preguntado alguno qué viene después de EM, del ciclo actual que pasará, qué escenario nos espera? se pregunta y se responde Carlos Mesa


Uno de los ejercicios más frecuentes de quienes pretenden sacar conclusiones de los conflictos sociales, es calcular cuán fortalecidas o debilitadas salen las partes en conflicto, léase el gobierno por un lado y los “movimientos sociales” por el otro.
“Tumbar al gobierno” es una de las posibilidades que desde las crisis iniciadas en 2000, se considera como parte inherente de la política boliviana tras la dictadura. Después de casi 20 años de estabilidad democrática con gobiernos que terminaron sus mandatos a pesar de las tensiones sociales, volvimos a la “tradición” de la volatilidad política como elemento dominante de nuestra historia. Morales pareció retomar la senda de la estabilidad, pero con una lógica confrontacional muy evidente.
Mirado así, el respeto a la legalidad de los mandatos presidenciales es en realidad la anomalía y la política en las calles es lo que manda y lo que debe mandar. Es el producto de la deificación de los movimientos sociales y de la incuestionable “justeza y legitimidad” de sus demandas, que no debe parar mientes ni siquiera a la hora de exigir la salida de los gobernantes elegidos democráticamente. No puede este Gobierno quejarse demasiado porque se construyó sobre la algarada de la calle y sobre la presión contra el sistema, con el uso de mecanismos como el bloqueo, la violencia organizada y la presión hasta donde esta pueda llegar.
Pero por muy cierto que sea aquello de que el bloqueador bloqueado debe atenerse a sufrir las consecuencias de una dinámica que él mismo construyó, no debiera servirnos de justificativo y menos de consuelo. No es una buena noticia que estemos enredados en este callejón sin salida de la rueda perversa que se alimenta de violencia e intransigencia ilimitadas. No es un argumento para sonreír repetir hasta la saciedad que quienes siembran vientos cosechan tempestades, porque detrás de esa verdad evidente se esconde un gran fracaso histórico, del que el primer responsable es el gobierno, pero del que son también responsables quienes con la bandera que sea lo acorralan en un camino sin destino.
¿Cuál es el objetivo de llevar las cosas siempre al límite? ¿Sacar al Presidente del gobierno? La respuesta inmediata será que no, que ese no es el objetivo. Lo fue, sin embargo, en 2008 y a punto estuvo de lograrse. ¿Podrá ocurrir algo así antes del 2014? En una primera lectura de la realidad la respuesta es que no. Pero este es realmente el punto central que debemos considerar ¿Por qué debiéramos siquiera contemplar esa posibilidad? Si un gobierno que ha obtenido el 64 por ciento de los votos tiene que enfrentar la crisis como parte de su vida cotidiana ¿qué podemos esperar del futuro después de Morales? ¿Se ha puesto a pensar alguno de los líderes de la oposición, o alguno de los ciudadanos que desea ver la caída del Ejecutivo, qué escenario nos espera una vez que haya terminado el ciclo político inaugurado en 2006? ¿No nos percatamos que este monstruo se alimentará con mayor facilidad de la carne y los huesos de quienes hoy se enfrentan al actual Gobierno?
La situación de graves tensiones sociales, de una ruptura cada vez más evidente entre Estado y sociedad, de la conflictividad como una epidemia, no es otra cosa que la tediosa repetición de un libreto que ha sido una constante histórica de largo aliento pero que tiene características casi idénticas desde la Guerra del Agua. Lo único que cambia son los nombres de los líderes de las partes en conflicto, y las fechas de estos. Da lo mismo quien sea el Presidente, o los dirigentes sindicales, o las cabezas de la oposición. No interesa si unos se reputan de “neoliberales”, de centristas o de revolucionarios. Tanto el mandatario y sus colaboradores, como los líderes de las juntas vecinales, o la COB, o la Csutcb, repiten exactamente los mismos argumentos. El presidente Morales suscribiría como suyas las amenazas que hoy recibe desde la calle, y los métodos de bloqueo y asedio a los que es sometido. De igual modo, el Presidente usa los mismos argumentos que varios de sus antecesores en el cargo para defender su posición: el perjuicio que los bloqueos le causan al país (sí, aunque increíble parezca) y los móviles “políticos” de quienes lo asedian.
No me alegro por ello, porque más allá del gobernante de hoy, constato con amargura que no hemos avanzado un milímetro en lo más importante, la construcción de un tejido basado en el respeto, la tolerancia, la idea de que hay una ley superior que debemos obedecer y que todos tenemos tanto derechos como deberes, y que la responsabilidad es una condición sine qua non para construir democracia, de derecha, de centro o de izquierda. Un gigantesco fracaso histórico.
Este ciclo de violencia pasará dentro de unos días, habrá un paréntesis de calma para que los contendientes tomen aliento, y volverán a hacer girar la noria, empujándola como acémilas que dan vueltas moviéndola y pisando sus propias  huellas en una rutina infernal.

viernes, 27 de abril de 2012

K. Arduz llegó al convencimiento que el régimen "se tambalea, hace malabarismos, se balancea" ella como este editor pensamos que no hay tal planificación. Evo solo quiere montarse en el poder.

Un ciudadano mediante llamada telefónica a un programa de televisión, mezcla de inocencia infantil y dolorosa desesperanza, preguntaba ¿por qué el gobierno no puede solucionar los conflictos que nos están ahogando?"

Sencillamente porque  lo que no se busca, no se encuentra. El gobierno del MAS, está tan ensimismado, está tan comprometido con la imagen que  rebota de su propio espejo que ya no sabe ni proyectar y se ha olvidado de dónde partió y a dónde va.

El Presidente acaba de minimizar la ola de protestas, de un modo-hasta cierto punto- incomprensible. Con esa pose cansadora de propicia y única víctima de toda la historia de este atormentado país, reclamaba que conflictos y pesares eran los de antes, los que él pasó cuando era sólo dirigente cocalero. Parece que ahora que es Presidente de toda una nación, puede afirmar con absoluta autoridad, que es más fácil hacerle la vida imposible a la gente que contemporizar con ella.

Es difícil calificar cuál eslabón de esta cadena de errores es la más absurda. La resolución sobre el tema horario de trabajo de los médicos, parece haber sido ideada por el enemigo. Resolución de masoquismo puro. Qué idea tan descabellada tomar unilateralmente una decisión que tiene el ingrediente inherente al dolor humano. Si los trabajadores deben cumplir una jornada de ocho horas como suena lógico, seria también lógico que por equidad, se los incluya en la Ley General del Trabajo.

¿Qué es lo que hace que se tome esta clase de innecesarios "gasolinazos"? Más de cuatro mil profesionales en salud, están protestando, marchando, en huelgas de hambre, tratando desesperadamente que se escuche y se comprenda su punto de vista. Acá no se trata de una competencia de quién puede más. Porque es evidente que los que detentan el poder, pueden más. Al menos aparentemente y lo que puede ser peor para ellos, temporalmente.

Hasta hace poco, compartía con algunos la convicción de que cada uno de los pasos del gobierno, estaba fríamente calculado. Suponía que todas sus acciones obedecían a un plan que pretendía llevar efectivamente al país hacia la cubanización, todo bajo la varita mágica de Hugo Chávez, ese gran vendedor de ilusiones o pajpaku tirado a revolucionario que prohijó a Evo Morales para que secundara su megalomanía.

Con el impactante discurso del Cambio, la sociedad boliviana -en su mayoría- se dejó seducir por el discurso del vivir bien, de la inclusión y del ascenso en la escala social y económica de los sectores postergados. Lo que esa mayoría jamás imaginó, es que era necesario ser parte de esa élite que está efectivamente ejerciendo el manejo del Estado, para poder percibir el cambio en su circunstancia particular. Nunca más cabal aquello de que la mentira tiene patas cortas. Y la verdad le está dando alcance al MAS. Cada vez son más las verdades que le mordisquean los talones.

Se quedaron con los oropeles y el ilusionismo. No sólo no solucionan los conflictos, sino que es denodado su esfuerzo para crearlos y diversificarlos. Pero ya no se vislumbra un plan preconcebido para el triunfo de su revolución. Hasta eso se ha extraviado. Todo se reduce hoy, a equilibrarse en el poder, judicial izando y penalizando lo que justamente fue su caballo de Troya. Cualquier cosa con tal de no ceder un solo milímetro de poder ni real ni aparente.

Y sus cambios de estrategia son tan burdos, que resulta un verdadero insulto a la mediana inteligencia de todos los demás. Una de sus ministras, de coeficiencia intelectual de un solo dígito, ha peregrinado por todos los medios jurando que la Novena Marcha Indígena no será interferida por nadie del gobierno y "rogando" a los mojeños que dejen pasar la marcha. Si claro.

Hay zanjas en la carretera por donde debe pasar la marcha, que nos retrae a un pasado lejano, pero no lo suficiente para olvidar cómo, cuándo y quién ya las experimentó. Hay alguien que evidentemente no pretende dejarse convencer. Es la mano siniestra siempre presente. El bloqueo en San Ignacio tiene inequívoco sello de identificación.

Con todos estos ingredientes que incluye a la COB, los maestros, los universitarios y los médicos, la nueva marcha de los indígenas se perfila como el Waterloo de Evo Morales y su administración. Su opción es no dejarse impresionar por eso dejando avanzar los acontecimientos a su libre albedrío