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martes, 24 de junio de 2008

bolivia se enfrenta a un dilema: o autonomía o prosecusión de un centralismo asfixiante aún cuando queda la vía electoral

dante pino explaya la idea de la vía de solución en éste artículo imperdible:

La única salida a la crisis

La realidad es testaruda, reza el viejo dicho y cuando se la niega seguro te estrellaras contra la roca. El 22 de este mes fue una fecha histórica al haber culminado el proceso autonómico.
Con el cierre de este proceso tenemos una Bolivia y dos caras: la Bolivia centralista en cinco departamentos y la Bolivia autonómica en cuatro. Pero el proceso nos indica que las autonomías avanzan seguras en seis de los nueve departamentos.
El centralismo se agita y se desgana negando la legalidad de las autonomías, el costo de su proceso y acusa a sus autores de golpistas. Si el Gobierno creería en lo que dice y se sentiría con ese respaldo que dice tener en el pueblo, si estaría seguro de que vivimos en un Estado de Derecho y que por tanto le corresponde aplicar la ley a los que la violaron, ya debía haber enviado a los fiscales para que inicien los procesos legales respectivos y deberían estar presos esos Prefectos acusados de haber violado la Constitución y las leyes. ¿Por qué no es así? Por la sencilla razón de que el Gobierno no gobierna. Está reducido a una presencia en tres de los nueve departamentos. Con el cierre autonómico en Tarija y la elección de la nueva Prefecto en Chuquisaca, sumada a la rebelión potosina estamos ante una verdadera crisis de gobierno o sea de administración nacional.
La crisis de Estado ha llegado a un punto de no retorno. Las autonomías son una realidad objetiva, mientras que el centralismo agoniza irremediablemente. Esta situación no tiene una salida para ambos. Es decir: las autonomías no pueden negarse a sí mismas y el centralismo ya no tiene fuerza para vencerlas, por eso no se trata de voluntarismo (dialogo) en “las partes” sino de su viabilidad. ¿Qué es realmente viable: el centralismo agónico o las autonomías nacientes?
Esta pregunta sacude el centro nervioso del centralismo sin embargo, su fin ha tenido en la decisión de PODEMOS de otorgarle el Referéndum revocatorio una salida inesperada. Prolongar su agonía hasta un límite intolerable para la economía nacional. Me explico: el revocatorio es el último acto al que puede recurrir el gobierno de Evo Morales para prolongarse, modificando a su favor una correlación de fuerzas políticas que le permita destruir todo lo avanzado en el proceso autonómico imponiendo una constitución que “legalice” al centralismo nuevamente y le de atribuciones para la reelección indefinida.
PODEMOS ha logrado sin duda colocar todo el proceso autonómico en riesgo. Sigo insistiendo que lo hizo con el propósito de agudizar la polarización actual hasta llegar al límite peligroso de la división nacional. Todas las otras explicaciones (farra incluida) pecan de simplistas y no guardan relación con todo el peligro en que se coloca al patrimonio nacional autonómico.Por esto, el revocatorio es la salida política que necesita el MAS, pero es, a su vez, el detonante de una posible escisión nacional. Este es el epicentro del problema, que como usted verá, no puede ser reducida a “una cosa de machos”. Yo no estoy de acuerdo con la tesis de que el revocatorio “no resuelve nada”. Sí que resuelve, porque soluciona la debilidad, aislamiento y pérdida de la base social del gobierno colocando a las autonomías en una posición límite de supervivencia, que es lo mismo que prender la mecha de la explosión. Porque las autonomías no reconocerán la continuidad de Evo Morales ni este la de los Prefectos reelegidos.
Y esta es la responsabilidad que tienen ahora los Prefectos de las autonomías. Preservar lo avanzado y consolidar el proceso. Los Prefectos autonómicos tienen ahora un origen distinto a los Prefectos del centralismo, responden a la voluntad de sus soberanos para aplicar sus Estatutos y no pueden dejar esta obligación a un lado para colocar al país en una situación inaudita de escisión solo para darle el gusto al MAS de que prolongue su agonía centralista.
¿Qué queda entonces? La salida lógica, ante un nuevo país, que tiene dos realidades: un centralismo agónico y unas autonomías florecientes, son NUEVAS ELECCIONES GENERALES. Para que el nuevo Gobierno consolide el proceso autonómico y encamine el centralismo que resta en los otros departamentos a la nueva Bolivia autonómica. Es decir necesitamos un Gobierno comprometido con el cambio autonómico y consciente del nuevo papel que le toca desempeñar manteniendo la UNIDAD NACIONAL y preservando los intereses de la Patria.
Esta salida es la única que tiene la crisis de Estado, porque evita el enfrentamiento nacional, aleja el peligro de una escisión y pone en manos del soberano la definición del nuevo pacto social basado en el reconocimiento de las autonomías como eje central de la nueva Bolivia.

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