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miércoles, 16 de marzo de 2011

en su calidad de abogado y senador de la República Bernardo Gutiérrez lanza ideas muy actuales en forma de retos que deben ser asumidos ahora

RETOS DE LA NUEVA GENERACION POLITICA
Determinismo vs. Determinación

Bernard Gutiérrez Sanz

La política requiere imperativamente de una reorientación, sus postulados guardan relación con una lógica de “hacer política” que ha predominado en el país durante los últimos 28 años para hablar de lo inmediato, aunque que de manera alguna es ajena a la historia republicana. La prebenda y el clientelismo como elemento consustancial de la intermediación entre la sociedad y los círculos de influencia, es una de sus marcas registradas, como también lo es la corrupción en las entidades estatales no sólo en provecho personal de sus perpetradores sino también en beneficio de la organizaciones que los cobijan y patrocinan.  Es usual escuchar en la jerga una frase que es patrimonio común de los malapraxis:  “esto es política” dicen,  bajo este imperativo  se han debido cometer las más grandes atrocidades, en el catálogo se inscriben el saqueo de recursos públicos, el abuso de poder, incluso la violación de derechos y garantías constitucionales . Con esta frase se ha justificado la deshonestidad, la inconsecuencia y la deslealtad como monedas de libre y masiva circulación. Es probable que una de las razones que nos permitan explicar la inconducta de la clase política, está referida a la inadecuada comprensión de los fines de la política, en nuestra concepción, la política es una activad humana destinada a construir condiciones de bienestar para todos,  la política como una activad de servicio a la gente. La búsqueda, a través de ella, de la realización de aspiraciones colectivas fundamentalmente. Se me ocurre comparar la política con un vehículo que transporta un conjunto de voluntades cuyo destino final es el lugar común del bienestar colectivo y la paz social.
Con esa reflexión, podríamos coincidir entonces en que es necesaria una nueva actitud y un comportamiento diferente, una cualificación de la conducta. ¿Es esto posible? Sí, al final de cuentas no hay que buscar muy lejos, tenemos en las páginas de la historia nacional una referencia inspiradora que convendría mucho tener en cuenta con mayor frecuencia: Marcelo Quiroga Santa Cruz imprimió en su práctica política  una lógica más próxima al “deber ser” que al “ser” y por ello  constituye un símbolo. Señaló (1978) que existen “prácticas que debieran desterrarse de la política” (sic), a saber: La inconsecuencia, la deshonestidad, el abuso de poder, la violencia, la crueldad y, la persecución innecesaria del adversario (lamentablemente, hoy las cosas no han cambiado). Por supuesto, había autoridad moral para emitir tal exhorto.
Son un conjunto de antecedentes en la conducta de Marcelo que nos autorizan a proponerlo como una relevante expresión de la ética en la política, a la cual debieran remitirse quienes compartan la decisión de establecer nuevos patrones de conducta. A propósito de tales antecedentes, me permito citar uno de los innumerables que hoy llegan a nosotros de la mano del impecable trabajo realizado por Hugo Rodas Morales que por su significancia en la recuperación del pensamiento y la vida de Marcelo no podríamos dejar de destacar. Refiere que en circunstancias de haber sido sometido a un ilegal procesamiento luego de un secuestro del Palacio de Justicia y confinado a Alto Madidi, sufrió reclusión en el penal de San Pedro en la ciudad de La Paz, durante el gobierno de Barrientos; al deceso de éste, la viuda solicito a Luis Adolfo Siles Salinas el cese de la persecución judicial contra los que habían ofendido en vida a su marido, solicitud que haría extensiva a las autoridades llamadas por ley; al tratarse de un acto en memoria del ex presidente, se presumía el cese formal del proceso y la liberación del entonces diputado independiente Quiroga Santa Cruz, quién en una carta pública de fecha 7 de mayo de 1969, rechazó el gesto de manera respetuosa pero firme calificándolo de una “descomedida distorsión de los hechos” al pretender mostrarlo como el “indigno beneficiario de la magnanimidad de los deudos, del perdón de la viuda”,  y no como lo que en verdad debiera ser un “acto de reparación póstuma o la enmienda de un abuso” al plantearse la oferta, en cambio “como el generoso olvido de una culpa”. Con una determinación y fortaleza extraña a la conducta de sus detractores  concluyó señalando: “…ya esperé siete meses, los últimos tres en la cárcel, desde donde escribo esta nota, que el Poder Judicial diera, mediante la dictación de la sentencia respectiva, prueba de su independencia. Esperaré el tiempo que sea necesario para que se restablezca procedimentalmente la verdad que ya está hace mucho tiempo en la conciencia del pueblo”. En breve, la evidencia de un juicio de naturaleza política quedaría constatada con el sobreseimiento de la causa por falta de materia justiciable y la consecuente liberación de un hombre que no negoció principios ni siquiera a cambio de uno de los bienes más preciados del que pueda dar cuenta un ser humano, la libertad personal, dando muestras más que suficientes de una inclaudicable entereza moral.   
Intentamos plantear con ese ejemplo la necesidad de alcanzar una dimensión distinta en la comprensión y ejercicio de la política, reformular los hábitos y luego de ello establecer un correlato inexcusable entre lo que se predica y se practica. Hoy la práctica está vaciada de contenido ético, por eso es que parecería que todo es posible y por ello ya nada sorprende. Ahora bien, si asumimos que la tarea no es de imposible cumplimiento, sirve para alentar la esperanza la concurrencia de un particular momento, el del recambio en el escenario público y su reconfiguración. Venimos insistiendo en el rol histórico de la nueva generación, permítaseme la denominación de Generación del Bicentenario, no como un rotulo banal, sino más bien como una expresión que intenta representar la responsabilidad de la que es depositaria, y por ello es que los desafíos son tan grandes como la esperanza del cuerpo societal de la cual forma parte. Porque bicentenaria también es la necesidad del pueblo boliviano de dotarse de una verdadera institucionalidad democrática capaz de enfrentar el reto de construir unaBolivia Horizontal con igualdad de oportunidades para todos. Por supuesto que hablar de una nueva generación no implica, necesariamente, la categorización de individuos en razón de edad,  tiene que ver con una comprensión diferenciada de la realidad y de la forma cómo influir en ella; una visión del cómo se encaran las tareas urgentes e importantes, y por supuesto, la definición previa de éstas. Pero además, y fundamentalmente, una conciencia absoluta sobre aquello que es motivo de esta modesta exposición de ideas, es decir, la perentoria necesidad de otorgarle un sentido ético y moral a la praxis política. Con el mismo criterio advertir que no todos los jóvenes por el sólo hecho de serlo, ni todos quienes recién arriban al escenario político, pertenecen a la “nueva generación”,  es evidente que en algunos casos es aplicable el dicho de “nuevas caras, viejas mañas”     
Lo expuesto, ciertamente, trasciende el posicionamiento ideológico de las personas y no tiene relación alguna con su adscripción partidaria. No podría ser de otra manera, si reivindicamos principios como la libertad e igualdad y nos declaramos militantes de la democracia, mal podríamos descalificar al adversario por su pertenencia a una parcialidad determinada.
Vemos en el horizonte el nacimiento de un nuevo ser social, un ser colectivo, un liderazgo que ya no es del caudillo de otrora, un liderazgo que es colectivo; generacional. Preferimos que sea la historia la que de testimonio de esta aseveración que no necesariamente proviene de la razón sino más bien de la esperanza, plantearlo así nos ayuda además a asumir un compromiso público,  al final de cuentas el decurso histórico no es un sino, como afirman los deterministas, por el contrario, es la suma de hechos que se forjan en base a las convicciones y a la determinación.

*Abogado y Senador de la República

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