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martes, 7 de agosto de 2012

con asombro y perplejidad recibió Bolivia la noticia del apoyo de Evo al sanguinario régimen de Siria. El Deber se refiere al episodio. Hace tiempo que lo internacional se conduce de manera errática e incoherente


Las resoluciones de la Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas tienen un mero valor declarativo o político. No son vinculantes ni obligan necesariamente a las partes, aunque siempre arrastran algún tipo de valor que merece rescatarse o criticarse. Este ha sido el caso de la última Resolución del pasado 3 de agosto, que condena las violaciones de los derechos humanos y libertades fundamentales por parte del gobierno sirio, así como todo abuso contra los derechos humanos cometido en Siria. El documento obtuvo 133 votos a favor, 12 en contra -entre ellos Venezuela, Cuba, Irán, Bolivia, Rusia y China- y 31 abstenciones.
Frente a la relativa vacuidad de las resoluciones de la Asamblea de la ONU resaltan las del Consejo de Seguridad por ser vinculantes, generar acciones y poseer naturaleza obligatoria. En lo que hace a las sanciones contra el despotismo imperante en Siria, el Consejo hasta ahora no pudo hacer prevalecer su inmensa mayoría.
El poder de veto de China y Rusia –dos de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad- ha impedido la emisión de un documento que tenga fuerza internacional. Las posiciones tanto de Beijing como del Kremlin son de naturaleza geopolítica y no entraremos en detalles. Pero están ahí y perturban el envío de fuerzas de paz a una región que se desangra diariamente en lo que ya es una abierta guerra civil. Por otro lado, no es de extrañar que estos dos países -junto con Irán, Cuba y otros más- se opongan a cualquier medida contra la tiranía de Bachar Al Asad en Damasco. Lo que sí resulta extraño es que en la Asamblea General el Estado boliviano aparezca acompañando estas posturas, so pretexto de “no injerencia en los asuntos internos de Siria” y aduciendo “desequilibrios” en el texto de la reciente resolución de la ONU.
Hace tiempo que la política exterior boliviana viene conduciéndose de manera errática e incoherente, pero llegar a extremos como el mencionado resulta preocupante. Está visto que hoy por hoy Bolivia se pone en línea con regímenes autoritarios al estilo de los vigentes en China, Rusia, Cuba e Irán, al mismo tiempo que se pliega incondicionalmente a cuanta pirueta diplomática instruye el presidente Hugo Chávez desde Caracas. Malo todo esto, reiteramos nuestra preocupación. Bolivia siempre ha mantenido sanos principios y estos principios están por encima de los hechos circunstanciales.
 La política exterior de los países organizados no es materia de improvisación, debe haber coherencia en el marco de un sentido histórico de las proporciones. No apoyar ahora medidas contra un régimen sanguinario es casi complicidad ante sus crímenes y tropelías, algo inconcebible para una Bolivia que proclama ser verazmente democrática. Ojalá se enderece el rumbo y se marche por caminos más consistentes, sobre todo en aspectos tan delicados como los que sin duda  configuran el complicado escenario mundial del presente.

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