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miércoles, 22 de mayo de 2013



PROMISCUIDAD


Hay términos que son incomprendidos. No todo significa lo que se supone. Este es un vocablo que usualmente ocasiona seños fruncidos o aspavientos moralistas. Pero, más allá de lo divertido que suene paralgunos, inocentemente puede significar entre otros: embrollo, revuelto, entreverado e impreciso.

Hace un par de semanas, Evo Morales provocó que USAID fuera expulsado con ignominia por la injerencia en la política interna del país y otra serie de acusaciones sobre el protagonismo de los americanos (feos) en cuanto intento desestabilizador amenaza frecuentemente el gobierno según sus propias elucubraciones. Cuando se detenta todo el poder, es claro que se está eximido de presentar pruebas por acusaciones que deben ser tomadas como axiomas más allá de cualquier discusión.

Las cosas no podrían estar peor en el relacionamiento con Estados Unidos, lo que no es óbice para no dejarse llevar por la tentación de que ciertos connotados personajes pongan a Bolivia en el centro de las noticias internacionales y le den a la figura presidencial una relevancia mal calculada.

Es claro que la visita de SE -en compañía del Embajador Delegado boliviano ante el tribunal de La Haya- al ex-Presidente Jimmy Carter -quien es tildado como un demócrata de marcado tinte izquierdista-, ha sido una acción de política internacional del gobierno boliviano, que en circunstancias normales hubiera resultado una estrategia interesante. Sin embargo y pese a que los ex-Presidentes en Estados Unidos son respetados notables, su gravitación en las decisiones del ejecutivo en ejercicio es irrelevante. Como Presidente de la Fundación Carter,  respaldó por ejemplo los resultados de uno de los más dudosos procesos en Venezuela como fue el referéndum de 2004. Ha desplegado acciones de intermediación diplomática en muchos países del mundo en los que no ha ocultado su preferencia por los progresistas y algunos otros que no son precisamente devotos de las virtudes de la democracia que históricamente, profesan tanto Republicanos como Demócratas.

Para quien la democracia es sinónimo de ejercicios electorales casi exclusivamente, tiene que ser muy incómodo el sentirse acorralado por CNN (cuándo no), cadena de noticias que es una de las peores pesadillas de Evo Morales. El por qué accede a darles entrevistas, es una incógnita difícil de resolver.  Lo que sí es evidente, es que está acostumbrado a que la prensa en Bolivia se muerda la lengua en más de una oportunidad para no desatar su ira y ser denostada públicamente. O algo peor. Pero la reacción de SE fue un disparo en el pie. Embarazoso el modo en que perdió la compostura ante el embate de preguntas, que probablemente no estaban calculadas para provocar una evidente  hipertensión presidencial. Una cosa es demostrar en casa quién es el que manda y otra totalmente diferente, es pretender hacerlo ante un medio que no tiene nada que temer y cuya audiencia se siente en absoluta  libertad de formar una opinión.

Al parecer Sean Penn ha sido otro de los que le disparó a un pie. Con la diferencia que fue al pie de otro, más claramente al de Jacob Ostreicher. Apasionamientos aparte, la intención del laureado actor norteamericano ha logrado su objetivo. En un mundo que siente gran debilidad por las estrellas de cine, una noticia como la provocada, ha puesto nuevamente en hora pico el tema de la dudosa administración de justicia en Bolivia en éste y otros casos. Es obvio que la genialidad de usar el ansiado Dakar para lograrlo, ha sido una mala idea y no sería de extrañar que nunca más una película protagonizada por él sea permitida en el país o  provoque un tumulto de corte chauvinista.

Las posibilidades de lograr una especie de indulto presidencial que facilite la exoneración del americano  -aún con arresto domiciliario- han sido enterradas al modo de Hollywood, aunque quede la gran interrogante de cuál es el delito por el que se lo acusa puntualmente. Hay quienes suponen que el principio relativo a que se es inocente hasta que se demuestre lo contrario, es universal. Muy discutible por estas latitudes donde lo común es ser presunto culpable. Sus declaraciones le pueden resultar un tiro por la culata. Es conocido que el  Presidente Evo  guarda rencores y ocultarlo, no es precisamente un rasgo de su personalidad.

Ha quedado claro que no sólo los gringos tienen debilidad por las estrellas. Cuando Penn vino a Bolivia, fue recibido con bombos, platillos y poncho rojo y se llevó bajo el brazo un exótico nombramiento de Embajador. En reciprocidad, creyó que la situación legal de su compatriota sería revisada.

Queda demostrado que no importa cuántos Óscares se puedan ganar ni qué tan taquillero se pueda ser. Para conocer a fondo la idiosincrasia plurinacional boliviana, hace falta realizar un profundo estudio antropológico que no se consigue como libreto de película aunque es probable, que tenga una oda al suspenso como final.

Si los embrollos, revoltijos e improvisaciones continúan dando pie a panoramas como el actual, se trata nomás de promiscuidad, en el mal sentido de la palabra.

Karen Arauz



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